¡Hola a todos ustedes!

Que el Señor siempre permanezca en sus corazones en todas las situaciones que pasan en la vida.

Mi nombre es Vianney, tengo 25 años y vivo en la ciudad de León, Guanajuato, Mexico.

Mi vida con el Señor fue siempre desde pequeña, Él me cautivó siendo niña, y mi relación con el Padre Pío comenzó hace ya algún tiempo.

Al principio no sabía quién era el Padre Pío, no sabía que era Santo, no tenía ni idea de quién era. Un día vi su foto pero no sabía quién era, aún así me cautivo mucho su mirada, su persona… Y creció en mí un interés por saber quién era ese hombre religioso.

Pasó algún tiempo y vi al mismo religioso, pero junto a la foto lo llamaban “Padre Pío”. Este nombre ya jamás se quitó de mi mente.

Empecé a saber quién era este Santo, un religioso que nos llama a regresar a Jesús.

Me cautivo todo de él, dije: qué Santo tuvo este mundo, y qué Santo tenemos que intercede por nosotros.

Todo pasó y sucedió por Dios. Sin saberlo, el Padre Pío de Pietrelcina me ayudaría a llevar y amar las cruces de la vida que estaba a punto de vivir.

Justo un año antes mi director espiritual, el Padre Ulises, me dijo:

“Vianney vive cada momento al máximo, vive todo y da gracias a Dios por ello, porque vendrán pruebas muy duras y muy fuertes que te forjarán y te ayudarán a llegar al Señor”.

Yo no comprendí esas palabras, no sabía el valor que tendrían el año siguiente.

En Febrero del 2018 estaba por iniciar lo que hoy es mi regalo, mi perla preciosa, porque como dice el Padre Pío: “Quien comienza amar, debe prepararse para sufrir”.

Ese mes cambio todo para mí, ya que de la noche a la mañana, mi cuerpo había dejado de caminar y comencé a tener dolores muy fuertes. Fueron meses de estudio, de médicos, pero no sabía que era lo que pasaba. No le reclamé nada a Dios, no le reproché nada, sino que lo aceptaba.

Hay un mensaje que me une también mucho a la Virgen de Fatima: “Hay que orar y hacer sacrificios por las almas, porque muchas se condenan.

En esos días de sufrimiento, vi ese mensaje de la Virgen y recuerdo que bajé de mi cama como pude y comencé a ofrecerlo todo por amor a Cristo y a las almas.

En el mes de Marzo fue cuando vi una publicación del Padre Pío acerca del sufrimiento, y la manera en la que que él explicó el acompañamiento a Cristo en el sufrimiento, me cautivó y me atrapó. Desde entonces mi relación con el Padre Pío es muy grande.

Cómo el lo mismo dice: “La vida es un calvario, hay que subirlo con alegría, amar el sufrimiento por lo que es en Cristo y por lo que hace en las almas,

Me ha enseñado mucho en estos 4 años.

Siempre que sufro y que padezco mis dolores diarios en todo mi cuerpo, contemplo a Jesús camino al Calvario y a la crucifixión. Me da tanto consuelo el saber que este sufrimiento no es en vano, y es ahí donde el Padre Pío entra mucho, porque siempre que sufro me acuerdo tanto de lo que nos enseña. Siento que el todos los días me da mensajes a través de personas que difunden su vida. Siento que esos mensajes son para mí, y me dice que uno tiene que ser fuerte por amor a Cristo y a las almas.

Sé que mi enfermedad es un regalo y una Gracia para ayudarle a Jesús a salvar almas. Ese es mi consuelo, sufro, padezco pero acepto todo por amor a Cristo, porque si Jesús lo quiere, yo también lo quiero, si me dice que vaya por un camino, yo me voy por donde Él me dijo, yo Le sigo y Le seguiré siempre.

Mi piucho (Padre Pio) como le digo, ha sido una parte y pieza fundamental para unirme a Cristo en todo. Yo al Padre Pío lo quiero mucho y me siento una hija espiritual de él, porque él me acepto como su hija.

Justo el 16 de Diciembre de 2020 soñé con él y vi que estaba muy sonriente. No podía creer que estuviese viendo a Piucho, pero me estaba mirando tan feliz y tan contento, que yo le seguía mirando. Al principio no me daba cuenta dr que me estaba señalando con su mano, para que yo me girase, y mire a la dirección que me señalaba, viendo algo hermoso, bello, era como una luz hermosa. Ese día yo desperté feliz por lo soñado, aunque aún no se muy bien qué es ese mensaje de mi Piucho.

Desde que comencé con mi enfermedad los ataques del demonio han aumentado, pero me aferro a Cristo y recuerdo al Padre Pio, que ambos pasaron por por lo mismo. Sus mensajes llegan a mi mente y me ayudan a seguir, porque quiero llegar al camino de las almas fuertes, y que todo lo que sufra sea por amor a Cristo y a las almas, especialmente por las del Purgatorio.

Pero el año pasado me llegó otra cruz, otra perla, otra flor que el Señor me regaló. Empecé con molestias en mi estómago, vomitando sangre, sin poder comer. Me hicieron los estudios correspondientes y me diagnosticaron un tumor en mi estómago, pero después de tratarme, me dijeron que no había tal tumor. Pero este año (un año después) volvieron los síntomas y las molestias del año pasado, y me hicieron más estudios, además me operaron de la vesícula; y ahí de dieron cuenta de que el tumor exístía.

Ahora me encuentro de nuevo en estudios, con molestias, dolores, pero vivo tranquila y serena, porque pase lo que pase al final del camino me encontrare con Jesús.

Justo hace poco vi un mensaje del Padre Pío en donde decía que el no sabía lo que iba a pasar. Pienso lo mismo que él, pero todo será por voluntad de Dios, que me dé lo que me quiera dar y con tal de ayudarle a salvar almas, y el seguir el ejemplo del Padre Pio, a mí me da la fuerza para confiar y continuar con el camino. Claro que duele la cruz y el camino , pero como le dijo Jesús al Padre Pio que le iba a dar la fuerza para sufrir, yo se que Jesus me la dará, sé que por muy doloroso que sea todo lo que pase y viva, Jesús no me dejará y no me abandonará nunca.

Quiero darle mi vida total a Cristo, hacer y dar mi vida por Él, soy feliz de que he donado y he entregado mi vida por Cristo, tal como Piucho lo hizo.

Las tormentas de la vida son tan buenas para el alma, que la ayudan a santificarse y ayudar a salvar almas.

Sufro al ver cuánto desprecio hay hacia Jesús, sufro por que no le quieren, y me uno a Él en mi sufrimiento y mi cruz. Mi piucho me sigue ayudando y me sigue enseñando a seguir en el camino de Cristo.